25 de agosto de 2019

Poesía.

En su ritmo tú te meces 
y siendo inmensa reluce.
No a todo el mundo seduce,
mas en todo se acontece.

Si la piensas, aparece,
y cura melancolías.
Si la bailas, te engrandece,
y si la sueñas, la ansías.

¿Qué es esto que te enaltece?
¿Qué va a ser? ¡Es poesía!

27 de junio de 2019

Y que las diez no dieran nunca en el reloj...

Mis abuelos paternos eran panaderos. Los veranos de mi adolescencia los pasaba en su casa, en un pueblecito zamorano del que conservo las raíces, aunque no sea mío. Allí acampaba libre de las ataduras que en la ciudad tanto me agobiaban debido al miedo tan irracional como absurdo de mis padres hacia las salidas fuera de la casa si no era con ellos.


En aquella casa que ahora es de mis padres, yo fui muy feliz. Mis abuelos y mis tías me daban la libertad que no tenía en la ciudad. Tampoco es que hiciera nada excepcional, pues la época era la que era. Eran actividades nada extraordinarias para cualquiera de mi edad, aunque no para mí entonces. Me encantaban los paseos por la carretera bordeada de girasoles con los amigos; las meriendas en la bodega con la pandilla; las excursiones a los pinares en los tractores para comer el hornazo; las conversaciones íntimas con mis mejores amigas, que lo siguen siendo; y, sobre todo, los bailes con orquesta de las fiestas. Lo que yo bailaba... No me perdía una canción. Era como si quisiera apresar los momentos bonitos en torno a mis pies. Eso eran para mí las vacaciones, mucho mejores que los días en la playa, que también me gustaban, pero que no se acercaban al torbellino de emociones que provocaba en mí poder vivir un tiempo fuera de la dependencia paterna.


En la casa de mis abuelos, el cuarto de horno era una estancia adosada a la vivienda. El mejor recuerdo que tengo es el de despertarme con el aroma que desprendía el pan recién cocido. Mi abuela me guardaba cada día un poco de la masa madre a la que daba forma aplanada y redonda que ella llamaba bollas, que freía en abundante aceite a la que espolvoreaba azúcar y que se convertía en mi desayuno preferido. El olor a pan recién hecho se convirtió irremediablemente, además del mejor recuerdo de mi infancia, en el regalo de poder ver a mis abuelos con una nitidez asombrosa en cualquier momento.


En las horas de la siesta, el único periodo de paz en una casa donde el ruido de las voces revoloteaba siempre en el ambiente, (“chacho, ¡no discutáis! ¡Solo estamos hablando!, y nos echábamos todos a reír”), no había nada que me gustara más que subir al "sobrao" a revolver en los baúles que contenían ropa antigua que me probaba un día sí y otro también, y esconderme para escuchar música agazapada en un rincón del cuarto de horno, envuelta en el calor quieto y fogoso que había desprendido la leña de encina con la que mi abuela hacía aquel pan que duraba tierno una semana y los dulces que sabían a hogar y a familia.


Aquellas horas de música que yo misma grababa en cintas de los programas de radio que regalaban peticiones al oyente, y que custodiaba como si fueran el mayor tesoro para escucharlas en aquel radiocasete  primerizo que mi padre me había regalado, han vuelto a mi memoria hoy, más nítidas que en otras ocasiones, en forma de canción. Escucharla me ha devuelto el aire fresco de mis días de adolescente, cuando imaginaba pasiones y desvelos con los ojos muy abiertos a la vida.


Y un estribillo por encima de los demás..., “ y que las diez no dieran nunca en el reloj"...


Porque en la casa de mis abuelos, las diez sí que podían dar en el reloj y entonces comenzaba la tertulia en la puerta de cada casa. Pero esa ya es otra historia...








3 de enero de 2019

SoneCROHN

Primer premio de poesía ARTEii. ACCU y Fundación Hospital de Alcorcón.
19/12/2018

Es monstruo que se aloja sin permiso
queriendo hacerse dueño de tu vida.
Es animal feroz que te derriba,
y advierte que no es un ser sumiso.

Se esconde tras la puerta de improviso,
atando cruel veneno con su brida.
Es una fiera atroz que aun dormida,
se activa alocada sin aviso.

Es ente que transita sin cadencia
y empuja tu cerebro a la locura,
fingiendo que no existe tal presencia.

Es bestia que te daña y te tortura,
si bien convierte en lucha tu existencia,
cual guerra para matar su bravura.

21 de noviembre de 2018

Tu sonrisa

La curva sensual de tu sonrisa
es puerta de entrada a tu hermosura.
Anticipo de amor, luz y ternura,
que baila juguetona con la brisa.

Es franca, sonrosada y da frescura,
cual prado de jazmines y melisa;
sofisticada alquimia que precisa
un infinito amor sin ataduras.

Es cálida, serena, inteligente,
intensa, bondadosa, abrumadora,
océano de hechizos inocentes.

Carrusel de color, abrasadora,
catarsis de aventuras impacientes
que arrebolan tus mejillas seductoras.

17 de octubre de 2018

Todo te lo prometí

Te prometí escribir,
aunque fueran palabras sin aliento;
aunque el papel deshiciese aquel hechizo;
aunque la pluma hiciese humo el sentimiento.

Te prometí bailar,
aunque el número de pies fuera ninguno;
aunque nuestras manos se juntaran de mentira; 
aunque el viento interrumpiera inoportuno.

Te prometí vivir,
aunque el foco de tu luz no me alumbrase;
aunque me envolvieran las sombras y los miedos;
aunque el mapa de tus brazos se alejase.

Todo te lo prometí
para que nada sufrieras,
para que fueras feliz
y que en tus manos tuvieras
la magia de convertir,
inviernos en primaveras.

Y en mis lágrimas que no te mostraré
ya he escrito tu historia en mi tiempo,
ya he vivido a cielo cerrado
preparándome para tus silencios.

Siempre todo te lo he prometido
desde el momento en que comenzó a latir,
tu corazón junto al mío.

Para ti, Javier, como siempre, como todo.


17 de julio de 2017

¿Y qué?

Y estabas allí.
Kilómetros de mar,
de profundos bosques
y caminos inocentes.
Increíble lugar 
el de tus brazos,
cuando recogen cada día
los valles de mi alma.

Y mientras el mundo gira
en su luz decreciente,
me instalo en tu sueño.
Allí te busco
y recorro en mil silencios
el universo, de tu mano,
salpicando sombras y delirios
en versos desatados
de tanto intentar besar,
presurosa, tus labios.

Y allí, 
el rompeolas de la luna
da cobijo a mi secreto,
cómplice de tu amor
a bocajarro,
que espera
morder mi boca
en un destello de cordura,
para ser quien ya no era
desde que tú llegaste,
certificando con tu abrazo,
toda mi existencia.



19 de diciembre de 2016

¡Feliz Navidad!


Navidad 2016

 

La Navidad es el camino más recto por el que llegar al corazón.

No es un tiempo pequeño, pues debe durar 365 días cada año.

Es un reposo colectivo en el que se echa más de menos a quienes queremos y ya nos dejaron.

Es de los niños, porque también los mayores regresamos a la infancia en estas fechas.

Es lo que tú quieres que sea, porque la Navidad eres tú.

¡Deseo que en estas fechas puedas sentir la magia de la Navidad!

5 de diciembre de 2016

El tiempo

Hay una docena de personajes situados en una plataforma instalada un metro por encima del nivel del suelo hablando del tiempo. Una voz tras otra ocupando tiempo, el mío, el tuyo, el de todos los que aquí estamos. las que hablan del tiempo son voces monotemporales, monótonas, monocordes, monotemáticas, monocrónicas, monográficas, monotípicas..., en forma de tiempo, aburridísimas todas ellas, hablando del tiempo.

¿Quién me ha traído a este sarao? ¡Qué manera de perder tiempo de mi tiempo para escuchar vaguedades sobe el tiempo! Es lento el paso del tiempo en el reloj. Evaluemos el tiempo. Decidamos en qué momento del tiempo podremos olvidar este momento para poder recuperar nuestro tiempo. ¡A mí no me gusta perder el tiempo! ¡Devolvédmelo! ¡Eh! ¡Vosotros!, ¡Sí, vosotros! ¡Vosotros que me habéis robado el tiempo!
 
Definitivamente, este bolo sobre el tiempo ha hecho que mi tiempo se desquicie de tal forma que desde el tiempo que marca el devenir de mi vida, se han desconectado las manecillas que no son de un reloj de arena que marca el paso del tiempo del ojo que todo lo ve. Ese que dice poder manejar el tiempo y ahí está, perdiendo el tiempo igual que yo.
 

22 de octubre de 2016

El campamento indio




¿Qué importa el lugar si permanece el sentimiento?

Unos indios pieles rojas (los llamaban así porque pintaban su piel blanca de color rojo para preservarla de cualquier tipo de ataque), buscaban un lugar en el que  poder practicar un juego muy divertido contra miembros de otros pueblos que, aunque no eran indios, querían enfrentarse a ellos para demostrar su infundada superioridad y dejar constancia de quiénes mandaban en aquellas tierras. Cuando por fin lo hallaron, al lado de un río, instalaron allí su campamento y lo llamaron Estadio Vicente Calderón.

Rápidamente se pusieron manos a la obra para convertir aquel solar en un hogar deportivo a cielo abierto en el que cualquier indio piel roja pudiera acudir a ver las competiciones, así que hicieron unas rastras a modo de gradas aprovechando las pendientes del terreno para situar allí a sus seguidores. En el centro, dejaron un gran rectángulo plano para el ir y venir constante de los jugadores elegidos por cada equipo para introducir lo que llamaban pelota dentro de unas redes. Ser vencedor era muy importante para los indios pieles rojas, pues su Gran Jefe había inculcado en ellos la importancia de salir siempre a ganar, ganar, ganar y volver a ganar, defendiendo a muerte aquellos colores que representaban a su pueblo, aunque constantemente les insistía en que el valor del corazón y del sentimiento hacia aquellos colores de sus plumas debía reflejarse siempre no solo cuando jugaban en su campamento, sino también fuera de él.

Y allí estuvieron acampados durante cincuenta años en los cuales aquella tribu creció tanto que hubo que desmontar el campamento para marchar a otro hogar más grande y cómodo que acogiese a quienes acudían, cada vez en mayor número, a disfrutar del juego de los que llevaban la piel blanca pintada de franjas rojas. Fue tan importante que, de ello, se escribieron crónicas para que nunca se perdiera la esencia de lo allí vivido. Ahora tocaba hacer del nuevo campamento un hogar como el que habían dejado atrás, aunque sabían que lo que ellos consideraban su casa permanecería para la eternidad en el corazón de todos los indios pieles rojas.

¡Ah! Aquella nueva casa rojiblanca se llamaba Estadio Metropolitano. Pero eso ya lo sabían, ¿no?

21 de julio de 2016

La luna segadora

Pensamiento en voz alta de mi padre en esta noche de luna llena con destellos dorados.

Hoy hay luna segadora...,
suspira hondo mi padre
pensando en tiempos que añora.

¡Ay, mi luna segadora!
Los recuerdos de su infancia
entre susurros afloran...

¡Luna llena segadora!
¡Cuántos campos alumbrabas
cual alegre bailaora!

¡Segadora, segadora!
Con tus destellos de trigo
a todo el mundo enamoras.