4 de junio de 2014

Carta para quien nunca vino

Querido Nadie:

Nunca imaginé que te echaría de menos. No me diste tanto, siendo nada, como para recordarte con tanta intensidad. En realidad, no recibí ni un suspiro de tu inexistente boca, porque no eras más que una nube etérea en el universo de mi imaginación.

¿Y por qué vuelves ahora? ¿Qué sueño no habrá terminado para que mi mente revuelva en los cajones del olvido queriéndote encontrar? ¿Por qué cada gota de mar me recuerda a ti? ¿Y por qué el aire se vuelve irrespirable sin tu presencia? ¿Quién eres, tú, que jamás te acercaste a mí? ¿Por qué me rondas de noche y me envuelves de día? ¿Por qué te fuiste antes de llegar? ¿Por qué confundes mi existencia y manipulas mi ser hasta el punto de convertirme en una marioneta sin tejido de sol, ni de estrella, ni de luna?

Te escribo a ti, Nadie, porque no sé quién eres, porque ni siquiera sé si llegaste a ser en alguna vida pasada. Pero quería decirte que en este momento te extraño y, aunque no existas, deseo que sepas que vives en mí.

Hasta siempre, hasta nunca..., o hasta que tú quieras.

Fdo.: Alguien.

11 de abril de 2014

Hay solo luz... (Para ti, que nunca miras...).

Hay solo luz
cuando te quiero,
cuando los mares bañan de colores
la luna de mi universo
en flor.

Hay solo luz
cuando te siento,
y me respira tu brisa
escondiendo entre mi cuerpo
el Sol.

Hay solo luz
cuando te sueño,
cuando te río y te canto,
cuando te lloro en silencio.
Cuando amanece y de noche.
Cuando estás cerca y de lejos.

Hay solo luz
cuando te tengo.


20 de diciembre de 2013

Las vacaciones de la maestra

Para todos los maestros que sufren el desprecio de quienes no les conocen.

La maestra no tuvo vacaciones de verano. Lo pasó trabajando sin descanso para no partir de cero en aquella andadura nueva que implicaba estar al cien por cien para neutralizar desde el primer momento la comprensible inquietud que producía que personas ajenas al grupo entrasen de lleno en un engranaje que, según le habían confirmado, no funcionaba.

Intentó entender el modo de trabajar de la gente que allí se encontraba leyendo con interés lo que opinaba cada persona, escribiendo en aquel cuaderno morado cada nueva mejora ralizada años atrás, con el deseo intacto de volver a sentir el contacto con los niños y de recuperar sus vacaciones de maestra perdidas varios años atrás.

Comenzó aquel trabajo una mañana de septiembre con alegría e ilusión, con muchas ganas de aportar su experiencia, con muchas ganas de conocer gente nueva de la que aprender, con muchas ganas de dar un giro a su vida profesional para no tener que comulgar con ruedas de molino y no volver a realizar un trabajo que ya no le ilusionaba, para sentirse feliz con su verdadera vocación: la de enseñar.

Los comienzos fueron difíciles, muy difíciles. "Se pasará el primer mes". Pero no. Pasó el primero, el segundo, el tercero, el cuarto mes..., y cada día que pasaba era una losa que parecía insalvable. Con el paso del tiempo se fue convirtiendo en una extensa diana en aquel paisaje hostil que la ahogaba cada día un poco más, pero que, a la vez, tiraba de ella para continuar con aquella labor tan difícil y tan impopular que le habían encomendado.

Entonces decidió concentrarse en las cosas buenas que vivía allí cada día: esos pequeñitos a los que echaba carrerillas por los pasillos; esos niños a los que enseñaba a reflexionar antes de contestar impulsivamente; esa compañera de mesa que tanto le había ayudado con un desconocido programa informático que se le resistía; ese equipo con el que hacía una piña, esas personas que habían ido a mostrarle su apoyo, todas esas cosas buenas que había gestionado para que hiciesen la vida un poco más fácil a los demás..., aunque nunca nadie pronunciara la palabra "gracias". No, no todo había sido tan malo.

El día de las ansiadas vacaciones por fin llegó. Cuando todo el mundo celebraba la fiesta del último día, se detuvo a observar todo lo que estaba pasando alrededor. Por un momento deseó no haber ido nunca allí, pero fue solamente un  instante, porque tan solo un segundo después, decidió que nada ni nadie le quitaría la iusión de recuperar cada año en ese mismo lugar, sus vacaciones de maestra.


13 de septiembre de 2013

El mejor sueño

- Los sueños son deseos por cumplir, -
me dijo una vez mi abuelo.

- ¿Y si se hacen realidad,
ya no se vuelven a soñar?

- Ya son realidad si los has vivido
mientras dormías.

- Entonces, ¿no se pueden soñar de día?

- De día, el mejor sueño es vivir.

Para mis abuelos,
de los que me acuerdo siempre.

11 de julio de 2013

Palabras descuidadas en historias imposibles.

He leído miles de palabras en mil tipos de letras diferentes. He buscado comprender esas palabras azules escritas en hojas blancas para descubrir en ellas las horas de inquietudes y desvelos de las manos que las dibujaron, buscando una historia en la que hubiera historia. Y así encontré muchas historias diferentes.

Había historias de llanto, de horas de vuelo, de risas sin aliento, de tardes sin parque, de lunas sin soles, de esperanzas truncadas, de sueños perdidos, de preguntas sin respuestas, de miedo al vacío, de mañanas sin futuro..., historias seductoras que acababan transformándose en caramelos envueltos en papel de lija.

También encontré historias llenas de palabras anodinas, de horas perezosas, de ideas encontradas, de argucias ilegibles, de engaños manifiestos..., historias ligeras que solo pretendían justificar una tarea no realizada.

He leído todas ellas buscando la brillantez, la originalidad, la preparación, pero después de leer muchas de esas historias, hoy solo soy una maestra desencantada. 

17 de marzo de 2013

Me gusta / No me gusta


Reflexión de un momento.

No me gusta la gente que no cuida a quienes dicen querer.
No me gusta la gente que necesita construir su vida alrededor de mentiras que acaban creyéndose y que hacen un daño irreparable a otras personas.
No me gusta la gente egocéntrica que no es capaz de ver más allá de su ombligo.
No me gusta la gente que cree que puede arreglar sus problemas comprando a las personas con dinero, ni a los que van con la cartera por delante para conseguir lo que quieren.
No me gusta la gente estratega que se sabe tres frases hechas con las que pretende hacer culpable a otros de sus propios errores.
No me gusta la gente de doble cara, porque no son personas en las que se pueda confiar.
No me gusta la gente que se dedica a vagar por el mundo sin hacer cosas productivas.
No me gusta la gente adicta a una via simplona y sin emociones.
No me gusta la gente que no sabe amar.
No me gusta la gente que no sabe vivir sin proyectar continuamente al mundo su imagen de persona maravillosa, porque suelen ser encantadores de serpientes, nada más.
No me gusta la gente que no reconoce el valor de las acciones de las personas que verdaderamente les quieren.
No me gusta la gente que no practica nunca la palabra "detalle".
No me gusta la gente que necesita halagos artificiales para vivir.
No me gusta la gente que siempre quiere quedar bien con todo el mundo, porque siempre acaba quedando mal con quienes menos lo merecen.
No me gusta la gente que promete lo que haga falta para salir de una situación comprometida y nunca cumple sus promesas.
No me gusta la gente que prefiere siempre lo fácil si lo difícil le requiere algún tipo de esfuerzo.
No me gusta la gente con aires de grandeza, ni los envidiosos, ni los avaros.
No me gusta la gente intolerante, machista y homófoba.
No me gusta la gente que se cree superior a los demás.
No me gusta la gente que, sin conocer a los demás, los juzga creyéndose dueña de la verdad absoluta.

No me gusta esa gente, no. Y cuando la reconozco, prefiero alejarla de mi vida porque siempre acaban lastimándome.


Me gusta la gente que prefiere hacer la vida fácil a los demás porque son mucho más felices dando que recibiendo.
Me gusta la gente que piensa que las cosas más bonitas de la vida son siempre gratis.
Me gusta la gente que es capaz de reconocer cuándo alguien necesita escuchar una palabra amable, un abrazo o un silencio y es capaz de practicarlo.
Me gusta la gente que sabe qué hacer en cada momento sin que constantemente haya que decírselo.
Me gusta la gente que lee, que tiene conversaciones interesantes, que es culturalmente activa e intelectualmente inquieta.
Me gusta la gente sencilla y noble.
Me gusta la gente que es capaz de pedir ayuda cuando la necesita.
Me gusta la gente que te escucha cuando hablas, no la que solo oye el sonido de las palabras pero no les presta atención.

Esa es la gente que verdaderamente me gusta. Y cuando la reconozco, me esfuerzo por mantenerla a mi lado, porque es por esta gente por la que sigo creyendo en la bondad humana.



22 de octubre de 2012

La añoranza de ti.



En tu voz cuando me hablas yo tanteo
tus palabras una a una.
Y adormeces en un cálido suspiro,
mis sueños en la calma de tus labios.
Será sin avisar, en tu descuido,
cuando en el aire te embriagues
con mi aroma.
Y amanecerá la sonrisa en tu mirada
mientras en tu cuerpo se derrama
el alma mía.

Dibujaré en tu espalda mil caricias
que se desbordarán en latidos indefensos.
Mis manos se unirán suavemente con tus dedos
y encenderán tus pupilas
con brasas de luciérnagas ardientes.
Y la necesidad de mirarte y de tenerte
crecerá por momentos en mi aliento
degustando el sabor de tus abrazos.
Y me llenaré de ti mientras te vivo
como un río de agua cristalina.

Tú desmayarás en un susurro interminable
tu cascada de pasión dentro de mi alma,
y yo te amaré hasta que me duela
en instantes de estrellas y de espejos.

Y pronunciaré tu beso en mi delirio
cuando regreses sin descanso
a despertar mi cuerpo eternamente.

La noche saciará de lluvia el sentimiento
ensimismado en el azul de tus promesas
que apaciguan mis auroras cada día,
mientras el sonido del silencio más abstracto
se estremece en la seda de mi piel serena
embriagando de pasión mi madrugada.

Y en medio de un tenue rumor de caracolas
ocultaré con sosiego mi paz y mi tristeza
en el estéril y desierto estío
en que se halla mi Universo
que ha elegido, entre todos, tu nombre.

1 de julio de 2012

Cincuenta


Para todas las personas que pasaron alguna vez por mi vida y, en especial, para aquellas que se quedaron. Necesitaría otras cincuenta vidas para darles las gracias porque sin ellas no habría sido nada.

 
Cincuenta lunas de fuego,
y cincuenta blancos soles.
Son cincuenta amaneceres
     arropada en mis amores.    
     
Hay cincuenta mediodías
y cincuenta oscuras noches.
Cincuenta  golpes de látigo
en forma de mil dolores.

Cincuenta besos a tiempo
y cincuenta olvidos largos.
 Cincuenta llantos sentidos.
Cincuenta palabras de ánimo.

Cincuenta valientes sueños
y cincuenta desengaños.
Cincuenta abrazos de amigos.
Mi cincuenta cumpleaños.




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26 de junio de 2012

Banda sonora de un corazón compartido

Metáfora para el capitán de mi equipo, al que quiero.

                                                              I

La primera vez que los amantes tuvieron noción de que ambos existían en el mismo mundo era de noche, aunque en sus oídos sonaba RAYANDO EL SOL. Les resultaba muy fácil cerrar los ojos y volar con la imaginación hacia la secreta oscuridad en la que alimentaban su impetuoso deseo de estar juntos. Cada uno cedió al otro su corazón y así construyeron un único lugar donde palpitar para reducir la distancia tan abismal que los separaba. “No aguanto. Me duele tanto estar sin ti”. ¡Tan lejos estaban! ¡Y tan cerca!
La luz que irradiaba aquel sol cada noche en el espejo donde fijaban su lugar de encuentro era tan potente que, a veces, quemaba, y mucho, ocasionando tal desesperación que era más fácil tocarlo y abrasarse que calmar el fuego con besos y abrazos de mil kilómetros.
Pero el sol se agotaba por momentos y uno de los dos, el más débil e inconsciente, decidió quedarse con todo el calor, pues las llamas no tenían fuerza para mantener a ambos. Y así, le pidió que dejase de alumbrar a la otra parte de aquel corazón compartido, concentrando las llamas en su mitad. Aquella traslación del sol sumió a la otra mitad del corazón en un frío tan intenso que los ardientes ríos de lava se convirtieron en un mar de hielo que abrasaba el alma con tanta furia que ni las cálidas tormentas de lágrimas sirvieron para apagar aquel álgido incendio. La desolación fue absoluta. El mundo se hizo estéril y en el camino los amantes perdieron todos los enseres que con tanto cariño habían atesorado para su futuro en común.
II
Cuando casi habían sanado las heridas ocasionadas por aquellos fenómenos cuyo efecto devastador rompió el corazón en mil pedazos, el sol apareció de nuevo por la existencia de aquellos seres tan distanciados y decidió llenar de vida los desiertos del alma en los que las palabras nacían pero nunca obtenían respuesta.
Uno de los amantes caminaba por las calles empapadas en olvido, mientras que el otro lamía sus heridas escondido en el único rincón del alma donde se sentía seguro. Uno de los amantes se estaba muriendo mientras volaba sobre el mar con las alas rotas y el otro deseaba desesperadamente dejar atrás aquellos obstáculos insalvables que impedían serenar su vida. Y la fuerza de aquel mundo de ilusión hizo que se encontraran de nuevo. ¡AY, AMOR, TÚ ERES MI RELIGIÓN!
El amante condenado al frío desolador curó las heridas del amante abrasado por el intenso calor. Lo hizo sin condiciones ni exigencias, de tan generoso que era y así el cielo plomizo se abrió y una fina lluvia refrescó aquel terreno yermo que el sol, con su ardor desbocado, había arrasado.
Mas estaba escrito que la quietud nunca fuera el paradigma de su existencia. Fuego y nieve se alternaban ocasionando interferencias insalvables en la temperatura de aquel corazón remendado por el que transitaron todos los fenómenos posibles: tan pronto lucía el sol con una calma inusitada como se desataba una inundación de reproches y palabras silenciadas que convertían su espacio en arenas movedizas de las que cada vez resultaba más difícil escapar.
Una vez más, el amante débil olvidó besar al otro su alma cuando aun podía, sin darse cuenta del dolor que producía aquella sucesión de imperdonables olvidos, de sonrisas perdidas, de miradas diferentes. Volvió a partirse el corazón en dos. Mientras una parte se dejaba seducir por la luz y el aliento de otros corazones despreocupados, la otra parte se encerraba en cuartos sin puertas ni ventanas en los que el contacto con la vida se reducía a unas cuantas palabras fingidas que acababan irremediablemente en la papelera del olvido.
III
Solo los primeros rayos de sol de primavera podían convertir una operación matemática exacta en un nuevo encuentro. Desde el mar en calma en el que vivía, el amante más perseverante se ocupó de rescatar la parte débil que le faltaba a su corazón pues, al fin y al cabo, aun seguía siendo suyo. Llenó de nuevo los espacios vacíos con su cariño después de escuchar palabras de arrepentimiento sincero. ¿Cómo pude haberte yo herido, engañado y ofendido? Alma gemela no te olvido. Y el corazón se fue abrazando hasta convertirse de nuevo en uno.
Las pompas de jabón que antes no llegaban a formarse, de tan poca consistencia que tenían, bailaban airosas al son de una alegría renovada y limpia.
La traición nunca se justifica. El error es algo humano. Poco a poco los amantes van completando el puzle de los sueños rotos. Y es que EL VERDADERO AMOR PERDONA.

6 de mayo de 2012

Para mi madre.

Tu cuerpo dio cuerpo al mío.
Me alumbraste con dolor
una mañana de verano,
y  guiaste  mis pasos
por un mundo de mieles
al calor de tu seno.
Tu mano hizo de faro,
tus ojos, de sendero,
tu oído, de caricias,
tu llanto, de silencios
cuando yo necesitaba
llenarme de amor materno.
 

Robé horas de tu sueño
cuando el mío se agitaba
en olas azuladas de dolores
y atroces temores eternos.
Bañaste con cariño
tanto desconsuelo
vivido en soledad;
y, aun en la distancia,
solo oír tu voz fortalecía
aquellos momentos míos
de profundo miedo.
 
 
Por eso no solo hoy,
sino uno tras otro,
todos los días del año,
quisiera decirte:
Madre, ¡cuánto te quiero!