21 de julio de 2016

La luna segadora

Pensamiento en voz alta de mi padre en esta noche de luna llena con destellos dorados.

Hoy hay luna segadora...,
suspira hondo mi padre
pensando en tiempos que añora.

¡Ay, mi luna segadora!
Los recuerdos de su infancia
entre susurros afloran...

¡Luna llena segadora!
¡Cuántos campos alumbrabas
cual alegre bailaora!

¡Segadora, segadora!
Con tus destellos de trigo
a todo el mundo enamoras.




2 de marzo de 2016

Para Ariana, un nuevo amor en mi vida.


No es esta vez mi cuerpo quien la tiene,
mas es mi corazón quien la reclama.
Mis sueños que la sueñan la mantienen
gritándola en silencio cuánto la aman.

Es cálido el hogar en el que obtiene
amores a raudales que la llaman,
mezclando los susurros con vaivenes,
y arrullos con abrazos que la abrazan.

Es niña de mi vida por primera,
y llena sin estar toda mi alma
incitando a llegar la primavera.

Es rayo de luz que trae la calma
a mis brazos que ansían y ya esperan
con un inmenso amor ver su mirada.











1 de diciembre de 2015

La mala persona


Para los que solo saben llenar el hueco inerte de su corazón haciendo daño a los demás.

Él tuvo siempre una vida tan insana, vacía, cobarde, estúpida y miserable que el único esfuerzo que se permitía cada día era idear cómo dañarla a ella, que una vez le quiso, y a los demás, que también le dieron su cariño. Sin embargo, por más que lo intentó y lo intentó, después de tantos años no había sido capaz de doblegarla a su maldad y acabó por hacer que todos los que le rodeaban se fueran alejando huyendo de él como de la peste.
Aun así, perseveraba ideando vilezas con las que llenar sus días plomizos de anacoreta huraño. Lo intentó de todas las formas posibles, y en el colmo de sus ruindades utilizó pequeños corazones que estaban aun por pulir y por formarse en el amor y en el respeto, pero tanto los estrujó para asfixiarlos entre sus maquiavélicas manos que de aquellos latidos solo pudo recoger toneladas de indiferencia, de un desinterés tal hacia su persona que frustraba una vez y otra su existencia como hombre.
Y ese cuerpo tan recomido por la envidia, el orgullo y la soberbia, comenzó a encogerse y a arrugarse de tal forma, que se convirtió en una fea y deforme piedra molesta a la que dar una patada para apartarla del camino por el que transitaban las personas a las que debía haber amado y no pudo.
Y, después de muchos daños, cuando comprendió que su existencia no importaba a nadie, por fin se evaporó.

29 de julio de 2015

Mirando la vida pasar


Para todas aquellas personas que, mientras miran la vida pasar, se olvidan de vivir.

La imagen no vale más que mil palabras.
Un corazón puede salvar a otro corazón.



Se sentó en la vieja silla de anea en la que tantos ratos miraba la vida pasar. Las rodillas, plegadas, tocando el borde inferior de su cara y sus grandes ojos oscuros, mirando al infinito; un infinito ligado al futuro en el que nunca había pensado, tan concentrado como estaba en parecer lo que no era. Un rayo de sol le cegó por un momento y él parpadeó para dejar finalmente la mirada perdida.

¿Cómo pudo pasar? ¿Cómo se enmarañó en aquella carrera absurda por ser el primero? El primero. El primero. El primero. El primero de la casa. El primero de la clase. El primero en el trabajo. El primero: el líder. Un enorme subidón delató la histriónica forma de revivir la imagen que él mismo se había forjado: soy el más, soy el mejor, soy el número uno. Nunca se había parado a pensar que todo aquello no era más que un disfraz que se evaporaba al contacto etéreo con la realidad.

Una ráfaga de aire movió algunas hojas sueltas que acariciaron sus pies desnudos. Se revolvió en la silla sin dejar que sus ojos se abrieran a la luz. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Por qué sentía aquel vacío? El cero más absoluto envolvía ahora su existencia. ¿Dónde estaba el uno? Él quería seguir siéndolo y no podía. No al menos como había sido siempre.

Ya no era el primero en nada, ni tenía ya edad ni fuerza para luchar por ello. Tiraba la toalla. Su vida había quedado totalmente expuesta a la intemperie y todo el mundo se había dado cuenta de la mentira en la que vivía y de las miserias que arrastraba. Nunca había sido el primero en nada: era uno más en su casa; nunca había sido el primero de la clase y le atormentaba haberse dado cuenta tan tarde de que sus compañeros lo habían sabido siempre, siguiéndole el rollo pero riéndose de él; en el trabajo seguía siendo importante, pero prescindible como otro cualquiera. Nunca llegó a ser el primero, a pesar de que lo había creído y aireado a los cuatro vientos en varias ocasiones...

Le aturdía el sonido de esa palabra en sus oídos: primero, primero, primero...

Se le entumecieron las piernas de tenerlas encogidas tanto tiempo. Ese adormecimiento corporal le devolvió al mundo. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué se negaba a ver la realidad? ¿Qué le aportaban los halagos falsos que tanto necesitaba? ¿Se estaba haciendo viejo? Cierto era que los años le caían sin piedad y sin darse cuenta de que no estaba viviendo lo hermoso de la vida mientras se acurrucaba en el nido de su imagen, de su falsa realidad, de todo lo que quería pero no había tenido nunca. Lo veía pero no quería verlo. Lo sabía pero no quería admitirlo. Lo notaba pero lo alejaba de sí.

Se levantó con movimientos leves mientras sus ojos se hacían a la luz del atardecer. Entonces lo percibió en su total plenitud. Solo en ese momento tuvo la certeza de haber dilapidado su vida y el último haz de luz que dejaría paso a la noche le devolvió a la cruda realidad: creía haber vivido, pero solo había estado mirando la vida pasar.

Ella le tomó de la mano una vez más y con cariño le invitó a entrar en la casa, al amor de un corazón en el que no solo había sido siempre el primero, sino el único
.


 
 

 


 

26 de enero de 2015

La soledad


Punto que pone fin a una historia.
Grito desgarrado en el silencio.
Lágrima que corre en la mejilla.
Vacío que llena todo el cuerpo.
 
Mirada que no mira ni enamora.
Mano que no rozan otros dedos.
Beso que no sale de los labios.
Alma que se dirige al destierro.
 
Paso sin dar. Noche sin luna.
Día sin luz. Abrazo herido.
Agua sin mar. Corazón roto.
 
Verso sin letras. Voz que mata.
Palabra dolorosa. Boca seca.
Amor que nunca fue y tristes ojos.
 
Desolación y dolor. Nada y todo.
La soledad es eso: el abandono.







10 de diciembre de 2014

No por ser esperada tu partida...

Tú ya sabes quién eres.
Tú ya sabes que te quiero.
Tú ya sabes que eres mi vida.
Tú eres y serás el único.

No por ser esperada tu partida,
dejó de romperse el corazón
en mil pedazos,
ni dejó de rodar por mis mejillas
un mar de lágrimas lleno de amargura.

No por ser esperada tu partida,
el latido se ausentó de mi camino,
cuando mis ojos centraban la mirada
en tu imagen última y, a la vez,
primera de tu llegada.

No por ser esperada tu partida
la vida se paró en el calendario.
Y en esa fría noche de miedo y de vacío,
las estrellas lloraron y, con ellas,
el viento se llevó lo que más quiero
de mi lado.


22 de agosto de 2014

La primera vez

El alba la despertó con la caricia del fuego
de unos dedos enredados sin querer
entre su suave mata de pelo.

Se desperezó la luna dentro de sus ojos negros,
mientras la llama azul del amor
prendía en todo su cuerpo.

Se durmieron sosegadas las estrellas.
Amanecieron gimiendo los besos
y cayó lluvia de ternura en su jardín del deseo.

El mar inundó las olas de su boca.
El aire rompió el susurrante silencio.
La pasión se derramaba en aquel gozoso lecho.

La mujer creció en la joven, desmadejando su sueño
y un amor entró en su alma pura
cuando sus bellos ojos se abrieron.

4 de junio de 2014

Carta para quien nunca vino

Querido Nadie:

Nunca imaginé que te echaría de menos. No me diste tanto, siendo nada, como para recordarte con tanta intensidad. En realidad, no recibí ni un suspiro de tu inexistente boca, porque no eras más que una nube etérea en el universo de mi imaginación.

¿Y por qué vuelves ahora? ¿Qué sueño no habrá terminado para que mi mente revuelva en los cajones del olvido queriéndote encontrar? ¿Por qué cada gota de mar me recuerda a ti? ¿Y por qué el aire se vuelve irrespirable sin tu presencia? ¿Quién eres, tú, que jamás te acercaste a mí? ¿Por qué me rondas de noche y me envuelves de día? ¿Por qué te fuiste antes de llegar? ¿Por qué confundes mi existencia y manipulas mi ser hasta el punto de convertirme en una marioneta sin tejido de sol, ni de estrella, ni de luna?

Te escribo a ti, Nadie, porque no sé quién eres, porque ni siquiera sé si llegaste a ser en alguna vida pasada. Pero quería decirte que en este momento te extraño y, aunque no existas, deseo que sepas que vives en mí.

Hasta siempre, hasta nunca..., o hasta que tú quieras.

Fdo.: Alguien.

11 de abril de 2014

Hay solo luz... (Para ti, que nunca miras...).

Hay solo luz
cuando te quiero,
cuando los mares bañan de colores
la luna de mi universo
en flor.

Hay solo luz
cuando te siento,
y me respira tu brisa
escondiendo entre mi cuerpo
el Sol.

Hay solo luz
cuando te sueño,
cuando te río y te canto,
cuando te lloro en silencio.
Cuando amanece y de noche.
Cuando estás cerca y de lejos.

Hay solo luz
cuando te tengo.


20 de diciembre de 2013

Las vacaciones de la maestra

Para todos los maestros que sufren el desprecio de quienes no les conocen.

La maestra no tuvo vacaciones de verano. Lo pasó trabajando sin descanso para no partir de cero en aquella andadura nueva que implicaba estar al cien por cien para neutralizar desde el primer momento la comprensible inquietud que producía que personas ajenas al grupo entrasen de lleno en un engranaje que, según le habían confirmado, no funcionaba.

Intentó entender el modo de trabajar de la gente que allí se encontraba leyendo con interés lo que opinaba cada persona, escribiendo en aquel cuaderno morado cada nueva mejora ralizada años atrás, con el deseo intacto de volver a sentir el contacto con los niños y de recuperar sus vacaciones de maestra perdidas varios años atrás.

Comenzó aquel trabajo una mañana de septiembre con alegría e ilusión, con muchas ganas de aportar su experiencia, con muchas ganas de conocer gente nueva de la que aprender, con muchas ganas de dar un giro a su vida profesional para no tener que comulgar con ruedas de molino y no volver a realizar un trabajo que ya no le ilusionaba, para sentirse feliz con su verdadera vocación: la de enseñar.

Los comienzos fueron difíciles, muy difíciles. "Se pasará el primer mes". Pero no. Pasó el primero, el segundo, el tercero, el cuarto mes..., y cada día que pasaba era una losa que parecía insalvable. Con el paso del tiempo se fue convirtiendo en una extensa diana en aquel paisaje hostil que la ahogaba cada día un poco más, pero que, a la vez, tiraba de ella para continuar con aquella labor tan difícil y tan impopular que le habían encomendado.

Entonces decidió concentrarse en las cosas buenas que vivía allí cada día: esos pequeñitos a los que echaba carrerillas por los pasillos; esos niños a los que enseñaba a reflexionar antes de contestar impulsivamente; esa compañera de mesa que tanto le había ayudado con un desconocido programa informático que se le resistía; ese equipo con el que hacía una piña, esas personas que habían ido a mostrarle su apoyo, todas esas cosas buenas que había gestionado para que hiciesen la vida un poco más fácil a los demás..., aunque nunca nadie pronunciara la palabra "gracias". No, no todo había sido tan malo.

El día de las ansiadas vacaciones por fin llegó. Cuando todo el mundo celebraba la fiesta del último día, se detuvo a observar todo lo que estaba pasando alrededor. Por un momento deseó no haber ido nunca allí, pero fue solamente un  instante, porque tan solo un segundo después, decidió que nada ni nadie le quitaría la iusión de recuperar cada año en ese mismo lugar, sus vacaciones de maestra.