Te prometí escribir,
aunque fueran palabras sin aliento;
aunque el papel deshiciese aquel hechizo;
aunque la pluma hiciese humo el sentimiento.
Te prometí bailar,
aunque el número de pies fuera ninguno;
aunque nuestras manos se juntaran de mentira;
aunque el viento interrumpiera inoportuno.
Te prometí vivir,
aunque el foco de tu luz no me alumbrase;
aunque me envolvieran las sombras y los miedos;
aunque el mapa de tus brazos se alejase.
Todo te lo prometí
para que nada sufrieras,
para que fueras feliz
y que en tus manos tuvieras
la magia de convertir,
inviernos en primaveras.
Y en mis lágrimas que no te mostraré
ya he escrito tu historia en mi tiempo,
ya he vivido a cielo cerrado
preparándome para tus silencios.
Siempre todo te lo he prometido
desde el momento en que comenzó a latir,
tu corazón junto al mío.
Para ti, Javier, como siempre, como todo.
Este blog es de una mujer pucelana 💜, optimista sin fronteras😊. Atlética a muerte ♥️🤍, profe vocacional 👩🏫 amante de la literatura 📚, de la música 🎵 y de los viajes 🧳. Madre ante todo y abuela maravillada. Este es el blog de una mujer afortunada. 😊
17 de octubre de 2018
17 de julio de 2017
¿Y qué?
Y estabas allí.
Kilómetros de mar,
de profundos bosques
y caminos inocentes.
Increíble lugar
el de tus brazos,
cuando recogen cada día
los valles de mi alma.
Y mientras el mundo gira
en su luz decreciente,
me instalo en tu sueño.
Allí te busco
y recorro en mil silencios
el universo, de tu mano,
salpicando sombras y delirios
en versos desatados
de tanto intentar besar,
presurosa, tus labios.
Y allí,
el rompeolas de la luna
da cobijo a mi secreto,
cómplice de tu amor
a bocajarro,
que espera
morder mi boca
en un destello de cordura,
para ser quien ya no era
desde que tú llegaste,
certificando con tu abrazo,
toda mi existencia.
19 de diciembre de 2016
¡Feliz Navidad!
Navidad
2016
La Navidad es el
camino más recto por el que llegar al corazón.
No es un tiempo
pequeño, pues debe durar 365 días cada año.
Es un reposo
colectivo en el que se echa más de menos a quienes queremos y ya nos dejaron.
Es de los niños,
porque también los mayores regresamos a la infancia en estas fechas.
Es lo que tú
quieres que sea, porque la Navidad eres tú.
¡Deseo que en
estas fechas puedas sentir la magia de la Navidad!
5 de diciembre de 2016
El tiempo
Hay una docena de personajes situados en una plataforma instalada un metro por encima del nivel del suelo hablando del tiempo. Una voz tras otra ocupando tiempo, el mío, el tuyo, el de todos los que aquí estamos. las que hablan del tiempo son voces monotemporales, monótonas, monocordes, monotemáticas, monocrónicas, monográficas, monotípicas..., en forma de tiempo, aburridísimas todas ellas, hablando del tiempo.
¿Quién me ha traído a este sarao? ¡Qué manera de perder tiempo de mi tiempo para escuchar vaguedades sobe el tiempo! Es lento el paso del tiempo en el reloj. Evaluemos el tiempo. Decidamos en qué momento del tiempo podremos olvidar este momento para poder recuperar nuestro tiempo. ¡A mí no me gusta perder el tiempo! ¡Devolvédmelo! ¡Eh! ¡Vosotros!, ¡Sí, vosotros! ¡Vosotros que me habéis robado el tiempo!
Definitivamente, este bolo sobre el tiempo ha hecho que mi tiempo se desquicie de tal forma que desde el tiempo que marca el devenir de mi vida, se han desconectado las manecillas que no son de un reloj de arena que marca el paso del tiempo del ojo que todo lo ve. Ese que dice poder manejar el tiempo y ahí está, perdiendo el tiempo igual que yo.
22 de octubre de 2016
El campamento indio
¿Qué importa el lugar si permanece el sentimiento?
Unos indios pieles rojas (los llamaban así porque pintaban
su piel blanca de color rojo para preservarla de cualquier tipo de ataque),
buscaban un lugar en el que poder
practicar un juego muy divertido contra miembros de otros pueblos que, aunque no eran indios, querían enfrentarse a ellos para demostrar su infundada superioridad y dejar constancia de quiénes mandaban en aquellas tierras. Cuando por
fin lo hallaron, al lado de un río, instalaron allí su campamento y lo llamaron Estadio Vicente Calderón.
Rápidamente se pusieron manos a la obra para convertir aquel
solar en un hogar deportivo a cielo abierto en el que cualquier indio piel roja
pudiera acudir a ver las competiciones, así que hicieron unas rastras a modo de
gradas aprovechando las pendientes del terreno para situar allí a sus
seguidores. En el centro, dejaron un gran rectángulo plano para el ir y venir
constante de los jugadores elegidos por cada equipo para introducir lo que
llamaban pelota dentro de unas redes. Ser vencedor era muy importante para los
indios pieles rojas, pues su Gran Jefe había inculcado en ellos la importancia
de salir siempre a ganar, ganar, ganar y volver a ganar, defendiendo a muerte aquellos
colores que representaban a su pueblo, aunque constantemente les insistía en que el valor del corazón y del sentimiento hacia aquellos colores de sus plumas debía reflejarse siempre no solo cuando jugaban en su campamento, sino también fuera de él.
Y allí estuvieron acampados durante cincuenta años en los cuales
aquella tribu creció tanto que hubo que desmontar el campamento para marchar a
otro hogar más grande y cómodo que acogiese a quienes acudían, cada vez en
mayor número, a disfrutar del juego de los que llevaban la piel blanca pintada
de franjas rojas. Fue tan importante que, de ello, se escribieron crónicas para
que nunca se perdiera la esencia de lo allí vivido. Ahora tocaba hacer del nuevo campamento un hogar como el que habían dejado atrás, aunque sabían que lo que ellos consideraban su casa permanecería para la eternidad en el corazón de todos los indios pieles rojas.
¡Ah! Aquella nueva casa rojiblanca se llamaba Estadio
Metropolitano. Pero eso ya lo sabían, ¿no?
21 de julio de 2016
La luna segadora
Pensamiento en voz alta de mi padre en esta noche de luna llena con destellos dorados.
Hoy hay luna segadora...,
suspira hondo mi padre
pensando en tiempos que añora.
¡Ay, mi luna segadora!
Los recuerdos de su infancia
entre susurros afloran...
¡Luna llena segadora!
¡Cuántos campos alumbrabas
cual alegre bailaora!
¡Segadora, segadora!
Con tus destellos de trigo
a todo el mundo enamoras.
2 de marzo de 2016
Para Ariana, un nuevo amor en mi vida.
No es esta vez mi cuerpo quien la tiene,
mas es mi corazón quien la reclama.
Mis sueños que la sueñan la mantienen
gritándola en silencio cuánto la aman.
Es cálido el hogar en el que obtiene
amores a raudales que la llaman,
mezclando los susurros con vaivenes,
y arrullos con abrazos que la abrazan.
Es niña de mi vida por primera,
y llena sin estar toda mi alma
incitando a llegar la primavera.
Es rayo de luz que trae la calma
a mis brazos que ansían y ya esperan
con un inmenso amor ver su mirada.
1 de diciembre de 2015
La mala persona
Para los que solo saben llenar el hueco inerte de su corazón haciendo daño a los demás.
Él tuvo siempre una vida tan insana, vacía, cobarde, estúpida y miserable que el único esfuerzo que se permitía cada día era idear cómo dañarla a ella, que una vez le quiso, y a los demás, que también le dieron su cariño. Sin embargo, por más que lo intentó y lo intentó, después de tantos años no había sido capaz de doblegarla a su maldad y acabó por hacer que todos los que le rodeaban se fueran alejando huyendo de él como de la peste.
Aun así, perseveraba ideando vilezas con las que llenar sus días plomizos de anacoreta huraño. Lo intentó de todas las formas posibles, y en el colmo de sus ruindades utilizó pequeños corazones que estaban aun por pulir y por formarse en el amor y en el respeto, pero tanto los estrujó para asfixiarlos entre sus maquiavélicas manos que de aquellos latidos solo pudo recoger toneladas de indiferencia, de un desinterés tal hacia su persona que frustraba una vez y otra su existencia como hombre.
Y ese cuerpo tan recomido por la envidia, el orgullo y la soberbia, comenzó a encogerse y a arrugarse de tal forma, que se convirtió en una fea y deforme piedra molesta a la que dar una patada para apartarla del camino por el que transitaban las personas a las que debía haber amado y no pudo.
Y, después de muchos daños, cuando comprendió que su existencia no importaba a nadie, por fin se evaporó.
29 de julio de 2015
Mirando la vida pasar
Para todas aquellas personas que, mientras miran la vida pasar, se olvidan de vivir.
La imagen no vale más que mil palabras.
Un corazón puede salvar a otro corazón.
Se sentó en la vieja silla de anea en la que tantos ratos miraba la vida pasar. Las rodillas, plegadas, tocando el borde inferior de su cara y sus grandes ojos oscuros, mirando al infinito; un infinito ligado al futuro en el que nunca había pensado, tan concentrado como estaba en parecer lo que no era. Un rayo de sol le cegó por un momento y él parpadeó para dejar finalmente la mirada perdida.
¿Cómo pudo pasar? ¿Cómo se enmarañó en aquella carrera absurda por ser el primero? El primero. El primero. El primero. El primero de la casa. El primero de la clase. El primero en el trabajo. El primero: el líder. Un enorme subidón delató la histriónica forma de revivir la imagen que él mismo se había forjado: soy el más, soy el mejor, soy el número uno. Nunca se había parado a pensar que todo aquello no era más que un disfraz que se evaporaba al contacto etéreo con la realidad.
Una ráfaga de aire movió algunas hojas sueltas que acariciaron sus pies desnudos. Se revolvió en la silla sin dejar que sus ojos se abrieran a la luz. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Por qué sentía aquel vacío? El cero más absoluto envolvía ahora su existencia. ¿Dónde estaba el uno? Él quería seguir siéndolo y no podía. No al menos como había sido siempre.
Ya no era el primero en nada, ni tenía ya edad ni fuerza para luchar por ello. Tiraba la toalla. Su vida había quedado totalmente expuesta a la intemperie y todo el mundo se había dado cuenta de la mentira en la que vivía y de las miserias que arrastraba. Nunca había sido el primero en nada: era uno más en su casa; nunca había sido el primero de la clase y le atormentaba haberse dado cuenta tan tarde de que sus compañeros lo habían sabido siempre, siguiéndole el rollo pero riéndose de él; en el trabajo seguía siendo importante, pero prescindible como otro cualquiera. Nunca llegó a ser el primero, a pesar de que lo había creído y aireado a los cuatro vientos en varias ocasiones...
Le aturdía el sonido de esa palabra en sus oídos: primero, primero, primero...
Se le entumecieron las piernas de tenerlas encogidas tanto tiempo. Ese adormecimiento corporal le devolvió al mundo. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué se negaba a ver la realidad? ¿Qué le aportaban los halagos falsos que tanto necesitaba? ¿Se estaba haciendo viejo? Cierto era que los años le caían sin piedad y sin darse cuenta de que no estaba viviendo lo hermoso de la vida mientras se acurrucaba en el nido de su imagen, de su falsa realidad, de todo lo que quería pero no había tenido nunca. Lo veía pero no quería verlo. Lo sabía pero no quería admitirlo. Lo notaba pero lo alejaba de sí.
Se levantó con movimientos leves mientras sus ojos se hacían a la luz del atardecer. Entonces lo percibió en su total plenitud. Solo en ese momento tuvo la certeza de haber dilapidado su vida y el último haz de luz que dejaría paso a la noche le devolvió a la cruda realidad: creía haber vivido, pero solo había estado mirando la vida pasar.
Ella le tomó de la mano una vez más y con cariño le invitó a entrar en la casa, al amor de un corazón en el que no solo había sido siempre el primero, sino el único.
¿Cómo pudo pasar? ¿Cómo se enmarañó en aquella carrera absurda por ser el primero? El primero. El primero. El primero. El primero de la casa. El primero de la clase. El primero en el trabajo. El primero: el líder. Un enorme subidón delató la histriónica forma de revivir la imagen que él mismo se había forjado: soy el más, soy el mejor, soy el número uno. Nunca se había parado a pensar que todo aquello no era más que un disfraz que se evaporaba al contacto etéreo con la realidad.
Una ráfaga de aire movió algunas hojas sueltas que acariciaron sus pies desnudos. Se revolvió en la silla sin dejar que sus ojos se abrieran a la luz. ¿Cómo había llegado hasta allí? ¿Por qué sentía aquel vacío? El cero más absoluto envolvía ahora su existencia. ¿Dónde estaba el uno? Él quería seguir siéndolo y no podía. No al menos como había sido siempre.
Ya no era el primero en nada, ni tenía ya edad ni fuerza para luchar por ello. Tiraba la toalla. Su vida había quedado totalmente expuesta a la intemperie y todo el mundo se había dado cuenta de la mentira en la que vivía y de las miserias que arrastraba. Nunca había sido el primero en nada: era uno más en su casa; nunca había sido el primero de la clase y le atormentaba haberse dado cuenta tan tarde de que sus compañeros lo habían sabido siempre, siguiéndole el rollo pero riéndose de él; en el trabajo seguía siendo importante, pero prescindible como otro cualquiera. Nunca llegó a ser el primero, a pesar de que lo había creído y aireado a los cuatro vientos en varias ocasiones...
Le aturdía el sonido de esa palabra en sus oídos: primero, primero, primero...
Se le entumecieron las piernas de tenerlas encogidas tanto tiempo. Ese adormecimiento corporal le devolvió al mundo. ¿Qué le pasaba? ¿Por qué se negaba a ver la realidad? ¿Qué le aportaban los halagos falsos que tanto necesitaba? ¿Se estaba haciendo viejo? Cierto era que los años le caían sin piedad y sin darse cuenta de que no estaba viviendo lo hermoso de la vida mientras se acurrucaba en el nido de su imagen, de su falsa realidad, de todo lo que quería pero no había tenido nunca. Lo veía pero no quería verlo. Lo sabía pero no quería admitirlo. Lo notaba pero lo alejaba de sí.
Se levantó con movimientos leves mientras sus ojos se hacían a la luz del atardecer. Entonces lo percibió en su total plenitud. Solo en ese momento tuvo la certeza de haber dilapidado su vida y el último haz de luz que dejaría paso a la noche le devolvió a la cruda realidad: creía haber vivido, pero solo había estado mirando la vida pasar.
Ella le tomó de la mano una vez más y con cariño le invitó a entrar en la casa, al amor de un corazón en el que no solo había sido siempre el primero, sino el único.
26 de enero de 2015
La soledad
Punto que pone fin a una historia.
Grito desgarrado en el silencio.
Lágrima que corre en la mejilla.
Vacío que llena todo el cuerpo.
Mirada que no mira ni enamora.
Mano que no rozan otros dedos.
Beso que no sale de los labios.
Alma que se dirige al destierro.
Paso sin dar. Noche sin luna.
Día sin luz. Abrazo herido.
Agua sin mar. Corazón roto.
Verso sin letras. Voz que mata.
Palabra dolorosa. Boca seca.
Amor que nunca fue y tristes ojos.
Desolación y dolor. Nada y todo.
La soledad es eso: el abandono.
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