Un frío día de enero
el mundo abrió mi ventana.
Inundó de luz mi vida
y llenó de paz mi casa.
Coloreó mis silencios.
Hizo del hielo una llama
y me arrancó una sonrisa
oculta en la pena de mi alma.
Las noches brillaban días;
primaveras, mis mañanas,
y de mis dedos salían
caricias de espuma blanca.
Desperezaste mis ojos.
Mis tormentas amansabas,
mientras tu boca mecían
abrazos que te abrazaban.
Tu aire fue abanicando
mis suspiros en la almohada
y en cada quejido mío
volvías ríos el agua.
Y así cada amanecer
mi locura desbocabas
en huracanes y vientos
de amor cada madrugada.
Te llevabas mis tormentos.
Mis amarguras matabas,
y naciste en mí una vida
sonriente, bella, calmada.
Y aunque sé que tú no existes,
palabras de amor me cantas,
que para saberte mío
mi imaginación me basta.
Madrid, 31 de enero de 2926
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