16 de diciembre de 2025

Preguntas para un cobarde.

 ¿Era necesario

jugar con mis sentimientos

causándome tanto daño?

¿Qué ruido habitaba en tu cabeza

para que tu voz callara,

mientras yo estaba esperando 

que aquello se terminara?


¿Era inevitable

destrozarme tantos días

hasta que te señalé la puerta 

para que de mí te alejaras?

Me mataron tu cobardía, tu egoísmo, 

tu inseguridad, tu orgullo...

Y me dio pena ver en tus ojos

tantos y tantos traumas.


¿Era obligatorio 

atestar esa puñalada

cuando yo ya sabía todo?

¿Qué pensabas mientras me herías?

¿Alimentar más mi angustia

echando hielo en mi alma?

¿No bastó con humillarme

dentro de mi propia casa?


¿Era imprescindible

que me rompieras entera 

en miles de cachitos

cuando ya no te interesaba?

Yo los fui recogiendo uno a uno.

Tú, huiste, con la cabeza bien baja.

Hasta en eso fuiste miserable.

Yo soy corazón y fuerza. 

Tú, tú no vales nada.


¿Era indispensable

matarme con tu silencio

negándome la palabra?

¿No merecía que, 

tú que tanto me llamaste amor,

al menos, una vez, me hablaras?

En eso también fallaste,

ni siquiera como hombre,

sino como ser humano,

hiriéndome mientras ya sufría,

cuando tú me despreciabas.


Y, fingí muchas sonrisas,

mientras moría por dentro,

y, entendí que no me mereces.

Que ES NECESARIO 

olvidar que existes

para no seguir viendo tu caída

porque duele verte sin rumbo.

Que ES INEVITABLE

enterrarte en un lugar del mundo

donde nunca pase nada,

como en tu cabeza enferma

llena de barro y de tinta usada.

Que ES OBLIGATORIO 

recordar tus traumas y tus miedos,

esos que en tu espalda cargas,

de los que eres prisionero

y tú no les plantas cara.

Que ES IMPRESCINDIBLE

hundirte en un océano

de turbias olas

con tu pie amarrado a un ancla,

para que nunca utilices

a otra mujer,

para probar si esa soledad que quieres

es la que te hace falta.


Pero, sobre todo,

busqué pasar página.

Cerrar bien tu libro y enterrarlo

en un túnel negro 

de historias abandonadas,

donde no dejen rastro

ni siquiera tus pisadas.


Y, a pesar de todo, ¿sabes qué?

Pensando también pensé

que no me arrepiento de nada:

ni de haberte amado,

ni de haberte dado todo lo que soy

y lo que tengo,

porque a ti un amor verdadero,

te hacía mucha, pero mucha falta.




No hay comentarios:

Publicar un comentario