Solo me hallarás en nuestro infinito aliento,
allí donde todo es etéreo e inaccesible,
donde nuestros labios no llegarán a juntarse.
Un espacio denso en el que gravitaremos solos.
Cuatro brazos que ya no podrán abrazarse lento.
Solo me hallarás en tu caótico firmamento,
allí donde mi luna llena alumbra tus espacios
y algunas estrellas, dispersas como tus ideas,
llenas de húmedos besos que nunca sucederán,
extinguen nuestras brasas con su movimiento.
Solo me hallarás en el susurro suave del viento,
allí donde tus oídos solo escucharán mi nombre,
que derramará una lágrima en tus cansados ojos,
causando una tormenta azarosa de salada lluvia,
que desatará los lazos de un amor hambriento.
Solo me hallarás allá donde mires y en todo momento,
y en esa burbuja cuadrada de nuestro amor perdido,
y ya no cubriré tu ombligo con mis manos mínimas.
Llevarás por siempre esa cruz a cuestas, un hierro fundido
y un vacío inmenso en tu alma y en tus pensamientos.
Solo me hallarás cuando desees detener el tiempo.
En la montaña, en la cueva, entre sábanas calientes,
en la ciudad hostil que tu inteligencia altera,
en tu anárquico cerebro y en nuestros abrazos tiernos,
y siempre que me sueñes cuando estés durmiendo.
Solo me hallarás cuando sufras mi ausencia sediento
de mis piernas alzadas al techo de tu vida sin vida,
y te arrepentirás siempre, un segundo tras otro,
de haber perdido mi cuidado y nuestras lágrimas de risas,
en tus insípidas vidas futuras, llenas de tormento.
Y lo sabes. Lo sabes y lo paseas en tu cuerpo dentro.
Solo me hallarás en nuestro eterno infinito,
y allí escucharé en silencio tu amargo sollozo.
Enredaré tu pelo gris ensortijado entre mis dedos
y nada podré hacer para calmar tu desolador lamento.
Madrid, 4 de junio de 2026

No hay comentarios:
Publicar un comentario