25 de agosto de 2026

Acércate un poco, amor.

Acércate un poco, amor, 

que muero de ganas

de asaltarte lento,

por tener mi piel 

junto a tu piel pegada.

Acéchame pronto y con desvelo,

y ocupa mi corazón y mi alma,

para cubrirnos de miel y besos

en nuestras madrugadas.


Acércate un poco, amor, 

y húndete en mi almohada.

Rózame, como sin querer, 

con tus manos pálidas,

el remolino de mis aguas bravas

y méceme en tus olas 

mientras arrasas mi playa.

Absórbeme los sordos quejidos

que arranques del fondo 

de mi anegada garganta,

y bébeme cuando nuestros ojos

se fundan, y broten de ellos

mares infinitos de saladas lágrimas.


Acércate un poco, amor, 

y pégate fuerte a mi espalda.

Acaríciame despacio

por el mapa de mi cuerpo,

sintiendo el rocío de mi brisa

mientras tus labios me inhalan

y ríegame de ríos y mares

con tu lengua cálida.

Piérdete en mis ojos negros

hasta asomar por la linde

de mi ahogo y de mi llama.


Acércate un poco, amor,

y cúbreme del ciclón de arena 

que levantas a tu paso

cuando llegas y me abrazas,

y envuelve mi agitado cuerpo

que espera, rendido a ti,

con impetuosa ansia.

Refugia despacio en mi luna

tu llama encendida,

y haz añicos mi calma,

y conviérteme en fuego que abrase

muy lenta y profundamente, 

tu impaciente marejada.


Acércate un poco, amor, 

a nuestra cama

y abre, de par en par, las ventanas,

para que este apasionado sueño

muera de nuevo 

con la luz del alba,

tras otra noche de pasión

y de saber que me amas,

y que adoras recorrer,

con las yemas de tus dedos,

las curvas afinadas de mi guitarra.

Y así, un amanecer tras otro,

comprobar, una vez más,

que es la ardiente sombra de tu ausencia

la que se enreda en mis piernas,

sobre las sábanas blancas.


Madrid, 25 de agosto de 2026