Buceando en la pantalla de la vida,
se abrió una ventana a un mundo nuevo.
Los barcos navegaban muy deprisa
y apenas nos parábamos a verlos.
Había buques mirando desde arriba
y cáscaras de nuez allá a lo lejos.
Y en aquel horizonte con la brisa
apareció sin hacer ruido tu velero.
Miraste hacia mis ojos con caricias.
Las almas relajaron nuestros cuerpos
y empezamos un abrazo con la vista.
Tu océano y mi mar se sonreían
sin haberse rozado aun los dedos,
sabiéndose ya uno en nuestra isla.
Madrid, 5 de septiembre de 2026
